¿Creeis en la historia de la media naranja?
¿Existe realmente la media naranja? ¿Estamos destinados a pasar el resto de nuestra vida con una sola persona? Y si es así, ¿por qué algunos la encuentran a los 15 años, y otros tardan 15 más en dar con ella? ¿Por qué hay gente que permanece soltera y otra que encuentra más de una media naranja en su vida? ¿Hasta qué punto es una idea irracional?
Llevaba varios días con estas preguntas rondándome la cabeza, sorprendida al descubrir que, en el fondo, quizás nunca había dejado de creer en ello, a pesar de mi actitud en los últimos años. Por suerte era domingo por la mañana, y tocaba desayuno con las amigas. Llegué a la cafetería la última (empezaba a convertrse en una molesta costumbre), y tras los saludos de rigor, y las peticiones al camarero, solté la bomba:
- ¿Creeis en la historia de la media naranja?
Las reacciones, como cada vez que se habla de la palabra que empieza con A fueron variopintas. Andrea esbozó una tímida sonrisa -probablemente pensando en el último amor de su vida, Álvaro-, Ana nos miró con escepticismo por encima de su zumo de naranja y Carmen, bueno, Carmen es Carmen.
- Cielo, ¿se puede saber de qué estás hablando?- Isabel era incapaz de ocultar su sorpresa- Pues claro que no existe. La historia de las almas gemelas es sólo un cuento que contaban a nuestras abuelas y a nuestras madres para que no se acostaran con el primero que pasaba.
-Cierto, una ñoña leyenda que las películas perpetúan.
Aunque sonreí con sus palabras, estaba claro que preguntar a las reinas del amor libre, Carmen e Isabel, no había sido una gran idea.
-Bueno, vale, igual aquello de dos mitades vagando por el mundo no es cierto -continué- pero, ¿qué me decís de la pareja perfecta? ¿Existe?
- Las relaciones son comos los edificios -intervino Ana, tan práctica como siempre- hay que trabajar en ellas. Primero hay que tener la idea, dibujar los planos con exactitud y revisar los cálculos cien veces. Y después, contar con buenos materiales. Aún así, necesitan revisiones cada poco tiempo. Exigen tiempo y dedicación, y hoy día no disponemos de esos lujos.
Dos horas después, sola en mi buhardilla, repasé las palabras de mis amigas. ¿Sería cierto lo que decía Isabel? ¿Que sólo era un cuento del lobo en versión tierna? ¿O tendría razón Andrea, que defendía a capa y espada la tradicional idea del Amor, con mayúscula, y del romanticismo? Y si era cierto, ¿qué probabilidades teníamos de encontrar a esa persona especial? Quizás mi pareja perfecta viviera en Zambia. ¿Era justo para pasarnos la vida a la espera de algo que, quizás, nunca llegaría porque nos separaban decenas de miles de kilómetros y unos precios de billetes de avión demasiado elevados? ¿Debía recorrer el mundo en busca de mi media naranja para acabar descubriendo, cansada y arruinada, que vivía en la casa de al lado pero que era gay?
Cuanto más pensaba en ello menos segura estaba de que las historias de príncipes azules y zapatitos que encajan como guantes no eran ciertas. No podían serlo. pero, sobre todo, ¿cuatro solteras, o cinco si me contaba a mí, podían hablar del tema con autoridad? Decidida a salir de dudas llamé a Cristina, mi ex marmota preferida.
-Niña, ¿estás loca? ¿Crees realmente que un día te cruzarás con un hombre en el metro y sabrás que es él?
No, la verdad es que no creía en eso. Me parecía tan increíble como las historias de caimanes en las alcantarillas de Nueva York.
- Las relaciones no funcionan por arte de magia. La pareja perfecta no nace, se hace. Cada día y cada noche. Con cada pelea y reconciliación. No sólo hace falta ser compatibles, compartir gustos y aficiones. Además hay que estar de humor. Fíjate en mí. Posiblemente Dani era más adecuado para mí que Manu. Y sin embargo no funcionó, ninguno estaba preparado. Cuando conocí a Manu nadie, ni nostros, daba un duro por la relación. Llevamos dos años y estamos pensando en tener un niño.
No, posiblemente no haya una verdad absoluta. Nunca la hay. Pero hoy estoy convencida de que la idoneidad y las ganas de tirar para delante son igual de importantes para encontrar esa persona especial. Las probabilidades quizás no sean altas, pero eso no me va a impedir seguir intentándolo. Y si no le encuentro, al menos me habré divertido por el camino. O, como decía Carmen, acabaré mi vida con una licenciatura en arquitectura



